Semilla nº 458-20-08-2017- XX Domingo del Tiempo Ordinario

Mujer, qué grande es tu fe”

Hoy, reflexionamos sobre el pasaje evangélico de esa mujer cananea que implora ser escuchada por Jesús. Tal vez lo conocido de este pasaje pueda llevarnos a perder detalles y matices enriquecedores para nuestra vida diaria y cotidiana como creyentes. En un mundo que exige la inmediatez en todos los ámbitos, cobra sentido la perseverancia ante Jesús de esta mujer que pide en primer lugar compasión para ella, y suplica la curación de su hija. Esa mujer pide ser escuchada, pide compasión. Jesús parece mostrarse indiferente, incluso negligente con el dolor y sufrimiento de esa mujer. Pero la perseverancia y la fe, engrandecen a esa mujer ante Jesús, que no sólo la dignifica ante los demás, sino que es modelo en cuanto a la autenticidad de la fe. Cuántas veces nos sobrecoge el desaliento cuando pretendemos cambiar, evitar, rodear, el sufrimiento en nuestras vidas y no nos sentimos escuchados. Ese “silencio” de Dios nos exaspera, nos lleva a cuestionar e incluso a exigir.

Tal vez busquemos a un Dios “matemático”, que ante una súplica estereotipada busca un resultado fruto de ello. No busquemos un Dios de formulaciones, busquemos a un Dios al que desde la fe auténtica y viva, aborda nuestros problemas, nuestros sufrimientos. Es probable que las soluciones que encontremos no sean las que deseamos, pero tal vez si las que son mejores a los ojos de Dios para nosotros. Llenémonos de fe. Arrojémonos como esa mujer cananea a los pies de Jesús por el peso de la fe; una fe que engrandece y dignifica, como hizo Jesús con aquella mujer que en primera instancia, podemos pensar que fue ignorada por Jesús. En la fe, no cabe desaliento. Tengamos la certeza de que Jesús, nunca desoye las súplicas que nacen de una fe que es abandono en su Voluntad. Nuestra fe no ha de ser voluble, no ha de depender de la respuesta que encontremos, incluso ni del silencio que pueda provocar nuestra súplica. Jesús nos hace ver en este pasaje que la FE es aquello que se confía al Corazón de Jesús. Ya sabe bien El cual ha de ser su respuesta, y Fe es…aceptar a Jesús. Un último matiz sobre el que deseamos reflexionar.

La postura de los discípulos. Ante la “incomodidad” que la mujer ocasiona, instan a Jesús a concederle lo que pide. Cuántas veces vemos en los hermanos, en aquellos que nos rodean, la inoportunidad de su presencia, de sus conversaciones, de sus deseos…y nuestra pobreza nos impide llegar al corazón de ellos. Jesús, va más allá. No se queda con lo aparente y externo. Ahonda en la persona y descubre su interior, llega al fondo del corazón. Nadie mejor que El, conoce nuestros corazones. Modelo de vida ejemplar en la Fe es San Bernardo de Claraval, Cisterciense y Doctor de la Iglesia, cuya festividad celebramos hoy, con especial relevancia la Familia Cisterciense. Animamos a que profundicéis en su vida. En él y en su familia, descubriréis como la fe no sólo se experimenta en la vida propia sino que se vive y anima en Comunidad. Que María, Madre y Reina del Císter, sea para nosotros modelo de fe en nuestra relación con los hermanos y con Jesús Misericordioso.

Monasterio Cisterciense “Nuestra Señora de la Asunción”

Málaga

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