Semilla nº 468-08-10-2017- XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

En las lecturas de hoy, el profeta Isaías y el evangelio, utilizando la comparación de la viña, nos recuerdan que la misma se le quitará a los primeros propietarios, y le será entregada a los que de verdad quieran trabajar en ella, a los que de verdad quieran cultivarla. El Señor nos pide que ya que lo hemos elegido, y decidimos seguirle, seamos lo suficientemente diligentes como para producir fruto, Él nos pone en su viña y quiere que la cultivemos y la trabajemos. Y los frutos tienen que ser nuestras buenas obras, nuestros deseos de ser mejores, nuestras ganas de superación, nuestros intentos de hacer realidad lo que su evangelio nos pide. Esos son los frutos que el Señor quiere.

Cada uno de nosotros, en cualquier situación o circunstancia en la que podamos estar, somos esa viña tan cuidada por Dios, a la que se refiere el profeta Isaías. Por cada hombre o mujer Cristo derramó su sangre. Así de grande fue su amor. Para cada uno nosotros Cristo fundó su Iglesia, instituyó los sacramentos y nos dejó como Madre a la que es su Madre, la Virgen Santísima. El cristiano, en cualquier momento de su vida, es viña bien cuidada por el mejor de los agricultores: nuestro Padre Dios. En momentos de angustia o enfermedad, Dios siempre está a nuestro lado. Nos acompaña, nos cuida, nos escucha y responde a nuestras plegarias, aunque a veces tenemos la sensación de que no es así.  Dios es nuestro mejor amigo: nos conoce como nadie y nos ama con un amor tan grande y misericordioso que ninguna persona es capaz de dar. En situaciones de dolor, apoyémonos en el Señor, el cual siempre nos hace compañía y, muchas veces  hace de cireneo con nosotros. Pidámosle   que nos dé su luz para ver siempre esto.

Los bautizados, estamos llamados a la plenitud de la vida cristiana, a la santidad personal y al apostolado. No podemos permitirnos el lujo, valga la expresión, de ser higueras estériles. No podemos consentir que, llamados a volar alto, muy alto, como las águilas, volemos como las gallinas, a ras de tierra. Lo nuestro es dar muchos y excelentes frutos de santidad, a pesar de nuestra debilidad, tropiezos y miserias. Porque el Dios de la paz esta siempre con nosotros y de nuestra parte, podemos volar muy alto y dar siempre las buenas uvas de la santidad. Que María, nuestra Madre bendita del Cielo, eleve y acelere nuestro vuelo hacia la santidad. ¡Feliz y bendecido Domingo!-

 

María Inés Hermosa Aldavez

Catequista- Parroquia “San Miguel Arcángel”

Río Mayo-Chubut

Argentina

 

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