Semillas 475-476-477

 DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

Cuando me dispongo a escribir estas líneas para iluminar el sentido de esta fiesta del calendario litúrgico, no puedo menos que recordar la belleza impresionante de esta basílica de Roma, que en algunas ocasiones he podido visitar y donde he tenido el privilegio de concelebrar la eucaristía con motivo de un encuentro mundial de sacerdotes hace algunos años. En efecto, la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, es un gran templo especialmente relevante, pues es la catedral de la diócesis de Roma, por tanto, la catedral del Papa, que es el primado de todos los obispos. De hecho, en su fachada puede leerse que es “madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo”. El emperador Constantino la mandó construir inmediatamente en señal de agradecimiento al Señor después de una victoria militar que él atribuyó a Cristo, y fue consagrada por el papa san Silvestre el año 324. Aunque fue dedicada al Santísimo Salvador, quizás por su famoso baptisterio –anterior a la misma basílica- se la fue llamando “de san Juan (Bautista)”. En suma, aunque el Vaticano es la residencia del Papa desde hace varios siglos, san Juan de Letrán lo fue hasta bien avanzada la Edad Media y en su interior se celebraron incluso importantes concilios ecuménicos, y sigue siendo la catedral de Roma donde el Papa celebra ciertas fiestas importantes durante el año.

A la hora de celebrar esta fiesta se puede escoger entre la lectura del profeta Ezequiel y la lectura de 1 Corintios, pero si la fiesta cae en domingo se leen ambas lecturas antes del evangelio correspondiente. Así, el texto de Ezequiel nos habla de un Templo restaurado después de la terrible experiencia del destierro del pueblo judío, que les había provocado mucho dolor al contemplar la profanación del lugar santo por sus enemigos paganos. Leemos que “manaba agua del templo, y habrá vida donde llegue la corriente”. Las aguas que brotan del Templo proceden de Dios, por lo que lo purifican y curan todo a su paso, produciendo frutos y llenando de vida incluso el Mar Muerto. Por eso se entiende que este texto sea un hermoso símbolo de la novedad interior, espiritual, que Dios desea otorgar a sus fieles. El Señor convertirá de nuevo el Templo restaurado en signo de su presencia en medio de su pueblo. Así, los sacramentos emanan de Cristo vivificante y nos van haciendo crecer y madurar como comunidad.

Por otro lado, el texto de 1 Corintios se puede sintetizar en la frase: “Sois templo de Dios”. San Pablo considera la comunidad cristiana como un gran edificio en construcción, donde él es el arquitecto, pero sin protagonismo, pues el Cimiento imprescindible es Jesucristo. Cada cristiano es como una piedra viva, que ocupa su lugar en esa edificación del templo de Dios, en el que habita el Espíritu Santo. Es esencial, pues, la compenetración, la comunión entre todos. Estamos comprometidos como piedras y como obreros constructores de la Iglesia.

Por su parte, el evangelio de san Juan que se lee en esta fiesta recoge el episodio de la expulsión llevada a cabo por Jesús de los vendedores y cambistas de moneda que estaban a las puertas del Templo de Jerusalén. Él realiza un anuncio profético que no es bien comprendido: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”. Jesús se refería a sí mismo, al templo de su cuerpo: el Templo nuevo es Cristo mismo, el Resucitado. En torno a Él se reúne la comunidad cristiana, y en Él experimenta la presencia y la gloria del Dios Salvador.

Él nos convoca y nos va llenando de su luz y de su vida, de manera que nos vamos convirtiendo en su Cuerpo: Él es la Cabeza y nosotros, sus miembros. Por tanto, necesitamos concebirnos de una manera dinámica, como una Iglesia “luz de las naciones”, sal y fermento de nuestra sociedad, punto de referencia y fuente de esperanza para todos.

En definitiva, esta fiesta nos recuerda que no nos puede faltar la unidad interna ni el ímpetu misionero. La Basílica de Letrán es símbolo de la unidad de todas las comunidades cristianas del mundo con la de Roma. Celebramos esta fiesta para recordar que estamos unidos en una misma fe con el Papa como cabeza del colegio episcopal, sucesor del colegio apostólico. Sintiéndonos unidos al Papa, lo estaremos a toda la Iglesia y, en suma, a Cristo, pues el mismo Espíritu nos anima a todos. Así es como crecemos en nuestra misión evangelizadora.

 

José Manuel Santiago Melián

Prebistero de  la Parroquia de Ingenio

Gran Canaria


Semilla nº 476- 12-11-2017- XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

 

En el evangelio Jesús nos cuenta la parábola de las diez doncellas. Esperan la llegada del novio con sus lámparas encendidas. Cinco eran precavidas, tenían aceite suficiente, cinco necias, llevaban el aceite justo. Cómo la llegada del novio se retrasa las necias se quedan sin aceite y le piden a las sensatas. La respuesta fue lógica: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.

Y mientras lo compraban llegó el novio. Las sensatas lo acompañaron a la sala del banquete con sus lámparas encendidas. Y las necias se toparon con las puertas cerradas. Llamaron y recibieron una terrible respuesta de labios del esposo: “Os lo aseguro, no os conozco”

La conclusión es bien clara, obvia. Jesús les dice sin ambigüedad: “Velad, porque no sabéis el día ni la hora”.

Todos tenemos una lámpara, nuestros dones y capacidades, y tenemos el aceite, la asistencia de la fuerza de Dios, de su Espíritu, su palabra, su evangelio, para que construyamos su reino y hagamos siempre el bien. Pero no nos podemos quedar dormidos en los laureles. Jesús nos invita a la perseverancia, a vigilar. Hay que estar atentos, que nuestra lámpara siempre ilumine, que esté encendida. Somos la luz del mundo, dice Jesús en otra ocasión. Y también nos previene del riesgo de quedarnos fuera del reino, no porque él nos deje fuera, sino porque nosotros, distraídos por tantas cosas, incapaces de cultivar nuestro mundo interior, de hacer silencio, de rezar, no llegamos a realizarnos y no intuimos ni tan siquiera que la puerta del reino está ahí, delante de nuestras narices. Y desgraciadamente podemos quedarnos fuera de la sala del banquete.

El mundo de hoy no nos lo pone fácil. Las nuevas tecnologías tienen un riesgo, que estemos conectados a todo, menos a nosotros mismos. Vivimos en un mundo en dónde lo virtual, que no deja de ser una ficción, es tomada como realidad, y hace que nos quedemos sin aceite, vacíos por dentro, desanimados, desorientados, sin horizonte; entonces es cuando nuestras lámparas se apagan, no lucen, y nos quedamos en una penumbra que no nos realiza, ni como seres humanas, y mucho menos como cristianos, como seguidores de un Jesús que nos quiere activos, vigilantes, para que la justicia y el amor se abra paso en este mundo que da la espalda a los empobrecidos. Y con nuestras lámparas apagadas, ya no somos referentes de nada ni para nadie.

Pidamos hoy en nuestra oración que no nos desalentemos, que cultivemos nuestras cualidades y dones, que los pongamos al servicio de los hermanos, que juntos, en comunidad, hagamos brillar nuestras lámparas, para que al mundo no le falte el horizonte de la esperanza, y vea en nosotros, los seguidores de Jesús, a hombres y mujeres de Dos que siempre están dispuestos a hacer el bien, en todo momento y a toda persona. Que así sea. Amén.

Un abrazo a todos.

Paco Bautista

Misionero de la Sociedad de Misiones Africanas

Vélez de Benaudalla (Granada)


Semilla nº 477- 12-11-2017- XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

 

Todos conocemos la parábola de las diez muchachas, cinco necias y cinco sensatas.

Jesús hablando con sus discípulos les dice: El Reino será semejante a diez muchachas,

Que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo, las cinco sensatas y las cinco necias.

Las necias se quedaron sin aceite, llego el esposo y las necias estaban haciendo lo que tenían que haber previsto antes, como no estaban no pudieron entrar al banquete.

Lo duro de la parábola para mí son las palabras del esposo, empiezan a llamar, Señor, Señor, ábrenos y responde el Señor, en verdad os digo que no os conozco, y termina diciendo por tanto estad en guardia por que no sabéis ni el día ni la hora.

Qué horror Señor, ¿Cómo no me conoces?, si he ido a misa y rezado, no dañe a nadie, y nunca te negué, no me digas lo que has hecho, mejor dime ¿Dónde estabas cuando te necesitaban tu familia y amigos? ¿Dónde estabas cuando esos hombres Cristos estaban sin trabajo, sin dinero para dar de comer a sus familias? ¿Dónde estabas cuando miles de niños no tenían un vaso de leche que llevarse a la boca? ¿Dónde estabas cuando los hombres y mujeres buscaban consuelo, cariño, una sonrisa, un hombro donde llorar, un abrazo, alguien con quien hablar? ¿Dónde estabas?, necios, os fuiste a comprar aceite, ya sabíais que teníais que estar preparados, pero os olvidasteis de mí, cada vez que pasasteis de una de estas necesidades de los demás, también pasasteis de mí, ¿Qué pensáis que es pecar?, os lo deje claro, Amor, Amor a Dios y a los hombre, dejar de amar, eso es pecar, el mundo necesita amor , pero no el que te sobra, el Amor que Yo os di, los hombres unos no me conocen, otros no quieren conocerme, porque vuestras vidas de cristianos deja mucho que desear, ¿quieres entrar al banquete?

Ama, perdona y entrégate, ¿Acaso no fue eso lo que yo hice cuando estuve entre vosotros? ¿qué os pedí antes de partir al Padre?, tu lámpara tiene que ser luz para el mundo, un mundo que camina sin rumbo y necesita luz que les sirva de guía, y vidas que les ilusiones que les den ganas de acercarse al Dios de la vida.

Cuando tu lámpara sea luz y tu vida invite a un solo hombre a seguirme, Yo abriré las puertas del banquete para ti, si no es así, seguiré diciéndote no te conozco NECIO.

 

Isabel López García

Presidenta de Afimes

Estepona

 

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