Semilla nº 465- 24-09-2017- XXV Domingo del Tiempo Ordinario


Semilla de José Antonio Rubiales Pitalua

 

Este domingo celebramos a través de sus lecturas la verdadera lógica o pensamiento del Dios que se revela en Jesús. De esta manera, Isaías lo pergeña con tal precisión que se anticipa a la clave exegética de la parábola mateana. Es decir, el lector de cualquier siglo observa como el amo, los obreros, la viña y el denario del Evangelio (elementos fáciles de asimilar en la parábola) resultan un poco desconcertante; suscitan un extrañamiento inusitado para nuestra lógica humana (“mis pensamientos no son vuestros pensamientos”) que al contrario de lo postulado por el Salmo no es lenta a la cólera ni rica en misericordia. Todo lo contrario, cuando nos interesa somos muy legalistas sin apelar al espíritu de lo normativo. Dios no es una gran norma que se impone sin escrúpulos y sin piedad. No, no es así. De hecho, Jesús se rebela contra todo lo que no es Dios, y por eso sale muy de mañana para contratar obreros, para invitarnos a su viña siempre con una sonrisa (“es cariñoso con todas sus criaturas”), y no se cansa de salir a buscarnos (a las nueve de la mañana, al mediodía, tres, cinco de la tarde y a cualquier hora), porque “el Señor es bondadoso en todas sus acciones”.

Él no desdeña nunca la justicia, de hecho paga lo convenido, lo justo que es un denario, y ese denario no es bagatela, ni siquiera es comparable al sueldo de un gran magnate de esta economía trufada de maldad y exclusivismo. Es sencillamente la liberación total del obrero, de la persona, de su dignidad (en términos teológicos, la salvación hermosa y gratuita para todos los que van a la viña, a ese campo donde solo emana el vino del amor más bello que se puede saborear). En conclusión, Dios sin desdeñar la justicia, pues, paga lo convenido; sin embargo, no deja de ser misericordioso, ni bondadoso. Nuestra lógica es como aquella que domina en la del hijo mayor que pide explicaciones por acoger al hijo extraviado y pródigo; o como la de estos obreros que murmuran también por la generosidad ejercida hacia otros seres como ellos. Por esa razón, y sin fatigar más al lector, debemos saber que si, como Pablo advierte a los Filipenses, hemos de vivir una vida digna del evangelio de Jesús, es necesario que resuene con bello baciyelmo las palabras de la primera lectura: “mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos”.

 

José Antonio Rubiales Pitalua

Ex monaguillo del Padre Manuel en la Parroquia de Santa María de los Remedios

Estepona