Semillas nº 466 y 467- 01-10-2017- XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

La liturgia de este domingo nos expone una realidad que no esta desencarnada de la vida de nosotros los cristianos, es el tema de la obediencia a la Voluntad del Señor. El publico que tiene Jesús al pronunciar esta parabola son los sumos sacerdotes, recordemos que este grupo estaba muy ligado a los asuntos religiosos y a la administración del culto y por ende son ellos los involucrados en el discurso de Jesús, ellos, así como los fariseos tenían una actitud despreciativa hacia los publicanos y pecadores.

Con la parabola que se propone en este domingo, Jesus hace una denuncia y a la vez una invitación; la denuncia es contra la falsa religión, Jesús confronta a los ancianos porque se jactan de ser religiosos, de cumplir las leyes de Dios mientras desprecian a los pecadores, Usan la religión encumbrarse por encima de los demás y Son soberbios ya que no se arrepienten porque se creen ya buenos por sus propios méritos. La implicacion de los sumos sacerdotes en la historia de los dos hijos narrada por Jesús, comienza con una pregunta que llama la atencion: Que os parece? Y al final termina preguntando: Cual de los dos hizo la Voluntad de su padre? Ellos responden a Jesús la pregunta y le dijeron: “El Primero”. Es la respuesta obvia y la que Jesús quería escuchar para dar una gran catequesis, ya que ellos, estan reflejados en el segundo hijo que responde: “Si voy”; ya que ellos por su cargo religioso conocen la Voluntad y la Ley de Dios, pero con su testimonio de vida, niegan esa voluntad de Dios que ya conocen.

La conclusión catequetica que da Jesús es muy clara, pero a la vez muy fuerte:«En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él».

En la opinion de los ancianos, sumos sacerdotes y fariseos, los publicanos y prostitutas eran personas pecadoras e impuras que no cumplian la voluntad de Dios, basta recordar aquella famosa oracion del Fariseo que ergido oraba: “Gracias Señor porque no soy como ese publicano…”

En la opinion de, Jesús los publicanos y prostitutas con su propia vida dicen: “No quiero”, son estos los que terminan obdeciendo a la Voluntad de Dios porque terminan creyendo en Juan el Bautista y creen en él, por consiguiente, son ellos los que logran reconocer cual es la Voluntad de Dios. Es interesante que aquellos que erean considerados los transgresores de la Ley, ahora son los promotores de la justicia, Justicia en que sentido? Si entendemos que justicia es dar a cada quien lo que le corresponde, entonces podemos contemplar como Ellos supieron dar a Dios aquello que realmente pedia, la conversion: “Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él”

Hemos reflexionado sobre la denuncia que Jesús hace sobre la falsa religion de los ancianos, ahora reflexionemos en la invitacion que hace Jesús; Jesús no esta pidiendo que hay que desligarse de la religión, porque sería ilusorio y absurdo pensar que el hijo que habia dicho “No quiero”, no perteneciera a la familia, es decir que como el otro hijo que no cumplio, conocia a perfección la Voluntad del padre. Lo que Jesús pide es vivir el verdadero espíritu de la religión cuyo corazón es cumplir la Voluntad de Dios buscando la justicia, es de esa manera que salvamos nuestra vida, como lo afirma la primera lectura tomada del libro de Ezequiel: “cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá”

Concluyendo esta reflexión: ¿Con Cuales de estos dos hijos podriamos reflejarnos? Y ¿Quiénes serian esos publicanos y prostitutas de nuestro tiempo que con su vida dicen “No quiero” pero al final terminan haciendo la Voluntad de Dios?

 

Padre Rogoberto Leonardo Darce Muñoz

Estudiante de Liturgia

Pontificio Instituto Liturgico de San Anselmo

Roma (Italia)



El Evangelio de hoy nos habla sobre la riqueza y el egoísmo, temas que siempre han estado presentes en nuestra sociedad y lo siguen estando. En esta sociedad que está movida por el dinero, en la que el fin último de la vida de muchas personas es ser ricos en el ámbito material, las almas y el espíritu se vuelven pobres. Nos agarramos fielmente a todo lo tangible, a lo económicamente cuantificable, cayendo en el error de no escuchar a Jesús. El Señor prefiere almas humildes que se verán recompensadas, mientras que los que tuvieron dinero y no lo compartieron serán castigados.

De esta lectura debemos aprender mucho, porque muchas veces damos mayor valor al dinero que a la conciencia, al alma que nos da la esencia, y en múltiples ocasiones de la vida veremos que los que menos tienen son los más solidarios. Así, tenemos que ser ricos espiritualmente, y no tanto en el ámbito material, porque cuando lo más importante para nosotros es el dinero, la corrupción entra de lleno en nuestras vidas. Esa corrupción de la que estamos hartos de tanto escucharla, que sale en cada telediario, todos los días, a todas horas y por todas partes. La corrupción es fruto del egoísmo y la avaricia del hombre, una corrupción a nivel financiero pero también espiritual. ¿Acaso no nos hemos preguntado alguna vez si las personas corruptas tienen conciencia? El dinero parece hacerle sombra a la conciencia en esta triste realidad.

Por ello, debemos aprender a llegar a la felicidad con el espíritu, y no con las cosas materiales. Los que más sufren en vida, tendrán ganado el cielo.

 

Samuel Román Ortega

Subgrupo “A”

Grupo P .A.S.E.

Estepona

 

 

 

 

 

 

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